Invitados especialmente
por la Fundación una Nueva Cultura del Agua, asistimos al primer
encuentro por una nueva cultura del agua en Amércia Latina, en
donde expusimos la problemática del agua en la provincia de San
Juan.
DECLARACIÓN
DE FORTALEZA
Nosotros, participantes del Encuentro
por una Nueva Cultura del Agua en América Latina, declaramos
que:
El agua es esencial para la vida en el planeta y por lo tanto para las
sociedades humanas.
Reivindicamos el acceso al agua sana como un derecho humano.
La crisis de sustentabilidad provocada en nuestros ecosistemas en nombre
de un malentendido progreso, ha causado que actualmente más de
1.300 millones de personas (un 17 por ciento de la población
mundial) no tengan garantizado el acceso a agua potable y más
de 2.000 millones de personas (un 40% de la población mundial)
no tienen acceso a sistemas de saneamiento esencial, lo que origina
una muerte cada 7 segundos.
Esta crisis se refleja tanto en las ciudades y comunidades rurales como
en los ecosistemas acuáticos y acuíferos. Sin embargo
se sigue destruyendo y degradando los territorios del agua, a menudo
de forma irreversible. Estas son las dos caras de una misma realidad.
Más allá de la utilidad económica del agua en la
agricultura, la industria y la producción de energía,
los ríos, lagos, glaciares, humedales, bosques y acuíferos
desempeñan funciones clave, tanto para la biosfera, como para
el sustento y cohesión de las comunidades, al tiempo que representan
bienes comunes naturales que marcan la identidad de territorios y pueblos.
Aceptar el reto de la sustentabilidad exige cambios profundos en la
concepción de la naturaleza, así como en actitudes y modos
de vida; exige entre otras cosas desarrollar una Nueva Cultura del Agua
que reconozca los múltiples valores emocionales, culturales,
sociales, ambientales y económicos en juego, desde enfoques éticos
basados en principios de equidad y sustentabilidad.
Una Nueva Cultura del Agua que reconozca
la sabiduría de las culturas ancestrales de América Latina,
rescatando y valorando las buenas prácticas y técnicas
tradicionales, como la recolección de aguas de lluvia, al tiempo
que se incorporan las oportunidades que ofrecen las nuevas tecnologías
disponibles.
Una Nueva Cultura del Agua que reconozca el papel específico
de la mujer en las comunidades en las que el acceso a aguas sanas y
al saneamiento básico es problemático y confronte estos
problemas de discriminación de género.
Los ecosistemas deben ser gestionados éticamente, con participación
y bajo la responsabilidad de las comunidades y de las instituciones
públicas, de manera que se garantice la conservación del
agua y el derecho humano al agua potable y al saneamiento ecológicamente
adecuado.
Por otra parte, según el Informe de la Comisión Mundial
de Represas, se estima que a lo largo del siglo XX, entre 40 y 80 millones
de personas en el mundo han sido forzadas a abandonar sus pueblos inundados
por grandes represas, causando un auténtico holocausto hidrológico.
En estos desalojos, a menudo violentos, han sido transgredidos los derechos
humanos de las comunidades afectadas e incluso se han cometido y se
siguen cometiendo asesinatos que permanecen en el silencio y la impunidad.
En el caso de América Latina,
en muchos casos las comunidades indígenas han sido y son despojadas
de sus derechos colectivos y ancestrales a sus territorios y ecosistemas
en nombre de un interés general que con frecuencia resulta ser
el de los más ricos y poderosos.
América Latina viene confrontando mega-proyectos que han dado
lugar a una creciente conflictividad social, como los propuestos en
el Plan Puebla-Panamá o la Iniciativa para la Integración
de la Infraestructura Regional Sudamericana (IIRSA) en el que se incluyen
hidrovías industriales como la del sistema Paraguay-Paraná.
Existen también muchos otros grandes proyectos envueltos en la
controversia, como la represa La Parota en
México, la conexión de los ríos Negro y Orinoco
en la Amazonía, grandes trasvases como el del Río San
Francisco (Brasil), y múltiples grandes represas, algunas tan
impactantes y conflictivas como las del proyecto Baba-Quevedo-Vinces
en Ecuador o las represas en los ríos de la Patagonia.
Tales proyectos tienen la potencialidad de poner en riesgo los principios
de la sustentabilidad ambiental, social y económica, y por lo
tanto deben ser sujetos previamente a un amplio debate público
basado en una información cualificada y clara.
La deforestación masiva, la contaminación sistemática
por vertidos industriales, mineros, agrícolas y urbanos, la desecación
de humedales, la expansión del agro-negocio, la navegación
marítima y fluvial a gran escala, la creciente emisión
de gases invernadero, entre otros procesos, están quebrando el
ciclo del agua, destruyendo fuentes vitales para la soberanía
alimentaria de las comunidades, como las pesquerías en ríos,
manglares y
litorales, amenazando, en suma, la continuidad de la vida en el planeta
y, en particular, la sobrevivencia de los sectores más desprotegidos.
Ante esta creciente tragedia ecológica y social, es inaceptable
que las instituciones públicas se escuden en la impotencia, sean
complacientes, o incluso activos promotores de tal tragedia, bajo la
justificación de favorecer el crecimiento económico.
Las fórmulas neoliberales para la gestión del agua, y
particularmente de los servicios de agua y saneamiento, acordadas por
los gobiernos, las empresas transnacionales y las instituciones financieras
internacionales, están conduciendo a la privatización
de servicios públicos básicos y a la pérdida de
la soberanía y el control por parte de los pueblos y comunidades
sobre sus territorios y ecosistemas. En la mayoría de los casos,
estas políticas, lejos de resolver los problemas de acceso al
agua y al saneamiento, tienden a excluir a los grupos más vulnerables
al convertir en mercancías servicios esenciales cuya provisión
había sido históricamente considerada una responsabilidad
estatal y su acceso un derecho social, universal.
Ciertamente, en muchos casos, las entidades públicas han sido
y son ineficientes y burocráticas. Sin embargo, resulta cada
vez más evidente que sustituirlas por empresas privadas, en su
mayoría transnacionales, y por relaciones de mercado, ha empeorado
la situación. Desde la Nueva Cultura del Agua proponemos nuevos
modelos de gestión pública eficiente basados en la transparencia,
el acceso a la información, y la
participación y control social en la toma de decisiones y en
la implementación de las políticas en cuestión.
Nuevos modelos que exigen reformas legales e institucionales profundas
que deben democratizar la gestión del agua y de los servicios
públicos esenciales y acabar con la corrupción.
El modelo de globalización impuesto por instituciones financieras
como el Fondo Monetario Internacional -FMI, el Banco Mundial-BM y el
Banco Interamericano de Desarrollo-BID, se ve reforzado en América
Latina por los diversos tratados bilaterales y multilaterales, basados
en pretendidos argumentos de “libre comercio”, que ponen
en riesgo la gestión democrática y sustentable del agua
en el continente.
Frente a esto, la ejemplar reacción popular en defensa de los
bienes comunes, sean ecosistemas acuáticos, acuíferos
o servicios públicos esenciales, en muchos casos, y las experiencias
exitosas de gestión pública participativa, con elevados
niveles de eficiencia técnica y social en materia de servicios
de agua y saneamiento, alumbran desde América Latina perspectivas
esperanzadoras para el mundo.
Ante retos de tal envergadura, la educación, la movilización
social y la formación de ciudadanía, con especial consideración
de las dimensiones artística y cultural en el desarrollo de estos
procesos, deben ser ejes estratégicos en la lucha por construir
esa Nueva Cultura del Agua que todos necesitamos. Por otro lado, es
necesario continuar desarrollando esfuerzos de convergencia entre los
movimientos sociales y la comunidad
científico-técnica, que fue el objetivo central de nuestro
Encuentro, de cara a alumbrar alternativas eficientes, equitativas y
sustentables.
En este Encuentro por la Nueva Cultura del Agua en América Latina,
más de quinientas personas representando más de treinta
países hemos vivido cinco días de riquísimo intercambio,
alimentados por la diversidad de las culturas y de los movimientos,
por las aportaciones de los científicos, de las instituciones
que se hicieron representar así como de las manifestaciones artísticas
que dinamizaron y alegraron el evento.
Nos hemos conmovido y solidarizado
con denuncias concretas de graves ofensas a los derechos humanos y a
la sustentabilidad de los ecosistemas, no sólo en América
Latina sino en otras regiones; hemos recibido testimonio en relatos
directos y motivantes de las luchas ciudadanas en las que muchos de
nosotros hemos participado por la justicia ambiental y por el futuro
del Planeta Azul, el Planeta Agua.
Salimos de Fortaleza más fuertes, porque estamos más unidos,
aun más convencidos de la necesidad de seguir en la lucha solidaria
por la superación de la crisis del agua en América Latina
y en el mundo.
Ciudad de Fortaleza, Estado de Ceará, Brasil 9 de diciembre de
2005
Nota: El Encuentro, que tuvo lugar del 5 al 9 de diciembre
de 2005 en Fortaleza, contó con más de 500 participantes
procedentes de todos los países de América Latina, más
representantes de España, Portugal, Holanda, Alemania, Italia,
Bangladesh, Ucrania, Estados Unidos de Norteamérica, Francia,
Marruecos, Polonia, y el Reino Unido de la Gran Bretaña.